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Noruega, el país donde la sostenibilidad es una realidad

El país es considerado el más sostenible del planeta, según los índices internacionales más exigentes. Su sistema eléctrico se alimenta en un 98% de fuentes renovables y es líder absoluto en energía circular azul. Noruega tiene, además, el rascacielos de madera más alto del mundo.

El país nórdico se ha ganado el título simbólico de lugar en el que refugiarse ante una catástrofe climática. No es deseable que eso ocurra, pero es cierto que Noruega se convirtió en el país más sostenible del planeta. Muchos estudios internacionales lo avalan y sus políticas, también. Energías limpias, movilidad eléctrica, cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. El país mantiene sus iniciativas y obligaciones de sostenibilidad en primera línea. ¿Cuál sería la zona más segura de la Tierra donde guarecerse ante la emergencia medioambiental? La respuesta, año tras año, es la misma: Noruega.

Tal vez le falten horas de sol, pero se trata de un sueño sostenible donde vivir si se busca respeto al medioambiente y soluciones sostenibles en la gran mayoría de los sectores sociales y económicos del país.

Noruega es el líder a nivel mundial en soluciones sostenibles, tanto para el sector público como para el privado. Entre ellas destacan las que se refieren a la electrificación del transporte, tanto terrestre como marítimo.

Según Grethe Bergsland, directora de Innovation Norway en España, “en estos momentos estamos muy enfocados en promover soluciones que contribuyan a disminuir la huella de carbono en la industria y el transporte, como puede ser el uso del hidrógeno verde o azul, así como en energía renovable, especialmente solar y eólica offshore y en sistemas de alimentación sostenible para la pesca o la agricultura, entre otros”.

El mayor productor de energía hidráulica de Europa

Noruega es el mayor productor de energía hidráulica en Europa y ha logrado implementar un sistema eléctrico único que se alimenta en un 98 % de fuentes renovables. El agua obtenida de los fiordos noruegos es lo que le permite abastecer su demanda eléctrica. Además, apuesta por el desarrollo de otras tecnologías limpias como la eólica o la solar.

La preocupación del país por el cambio climático le ha llevado a fijar varios objetivos en este sentido como disminuir las emisiones hasta un 30 % de aquí a 2030 y conseguir la neutralidad carbónica al anular el 100 % de emisiones de aquí a 2050.

El país está cada día más cerca de un modelo 100 % renovable. Es el mayor productor de energía hidráulica de Europa y ha logrado implementar un sistema eléctrico único que se alimenta casi en un 100 % de fuentes renovables.

La abundante fuente de energía que son los fiordos es la razón principal por la que Noruega cuenta con una posición líder mundial en las industrias que precisan de grandes cantidades de energía, como la producción de aluminio y fertilizantes, ya que se ha convertido en la base para la industria, el desarrollo de su sociedad y crecimiento económico.

Ventajas financieras sostenibles

También es un país con ventajas financieras sostenibles. Los bonos verdes establecen las mismas condiciones que un bono convencional, pero están contribuyendo a la transición ecológica. Para que un bono tenga la calificación de “verde” debe contar con fondos destinados a proyectos que luchen por la reducción de las emisiones contaminantes, favorezcan la eficiencia energética y fomenten las energías renovables, pongan en marcha iniciativas contra el cambio climático o la gestión responsable de recursos naturales, entre otros. Por su parte, los préstamos verdes permiten a las empresas financiar iniciativas con una clara repercusión medioambiental.

Con todos estos datos, Noruega se ganó a pulso su lugar sostenible en el mundo. Un sitio donde el respeto al medioambiente y la lucha por mantenerlo en buena forma es una constante en sus políticas y en el día a día de sus ciudadanos.

Si decide optar por Noruega como destino verde donde pasar una buena temporada, no olvide que puede alojarse en la ciudad de Brumunddal, a 150 kilómetros de Oslo, que también alberga la construcción del rascacielos de madera más alto del mundo. Nada se les resiste.

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