El mercado de estas construcciones en España es aún «residual» y supone el 1% del total de viviendas, frente a países como Alemania, donde representa el 9%; Holanda, con un 50%.

La búsqueda de casas prefabricadas e industrializadas ha crecido de un 30 a un 60% en España luego de la pandemia por la velocidad de construcción de estos edificios, la eficiencia energética que proporcionan y unos precios más bajos que la edificación tradicional.

Según la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP), el mercado de estas construcciones en España es aún «residual» y supone el 1% del total de viviendas, frente a países como Alemania, donde representa el 9%; Holanda, con un 50%, o Suecia, donde este tipo de casas alcanza ya casi la totalidad de la producción. El vicepresidente de la entidad, Arturo Andrés, explica que después del confinamiento, la demanda de casas industrializadas ha aumentado porque la gente ha empezado a replantearse sus viviendas y a buscar alternativas fuera de las ciudades con dos prioridades: el tiempo de construcción y el bajo consumo de energía.

«Ahora buscan una vivienda nueva, con más confort energético, con un presupuesto cerrado, y lo quieren ya», señala Andrés, por lo que apuestan por este tipo de construcción, que permite disponer de una vivienda en poco tiempo. El costo es mucho menor, entre un 10 y 15% menos que el de la construcción tradicional, aunque asegura que el reclamo principal para escoger una vivienda de este tipo «no debe ser el precio», ya que en algunos casos implica calidad menor.

En este sentido, señala la diferencia entre casas prefabricadas e industrializadas: las primeras, más baratas, ya están construidas en fábricas y el cliente se adapta a los diseños disponibles; mientras que las segundas se diseñan en función de la solicitud del usuario y una parte de las piezas se realiza en la fábrica, pero el montaje final se hace en el mismo terreno.

La empresa catalana Home Center, que realiza estos dos tipos de construcción, explica que, en su caso, la demanda se ha multiplicado por tres después de la Covid-19. El consejero delegado de la compañía, Xavier Sitges, destaca que han pasado de 100 solicitudes mensuales a 350, una cifra que también se refleja en la facturación, con una previsión de 6 millones de euros para 2021, frente a los 3 millones de 2020 y los 4 millones de 2019.

Sitges considera que la construcción industrializada «se está poniendo de moda en España» porque el cliente «ve muchas más ventajas» que en la construcción tradicional. Algunos de estos aspectos son el precio -que en su caso va de los 30.000 a 250.000 euros en prefabricadas y de 45.000 a 450.000 en industrializadas-, el ahorro de tiempo -de 3 a 6 meses desde que obtienen la licencia- y una menor huella medioambiental, que se reduce entre un 5 y un 25% dependiendo del material constructivo.

En el caso de Arquima, que se dedica a la construcción de casas pasivas mediante la industrialización, este auge no se corresponde al precio sino «a la búsqueda de la salud, de una casa pasiva eficiente y de calidad», señala el director general de la compañía, José Antonio González. Destaca que este crecimiento se empezó a notar hace tres años gracias a un cambio de concepto: «Antes se relacionaba industrialización con construcción barata y de baja calidad, pero ya está cambiando».